Te veo y siento tu dolor
- Aline Mejia
- 26 jun 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 25 jul 2025
Puedo ver que existe mucha sensibilidad.
Puedo ver la tristeza profunda en tus hechos,
en cada acción, en tu historia,
en todo lo que él cree como una realidad oscura.
¿Y cómo creer en algo que no conoces?
¿Y cómo abrir la puerta si nada está tocando?
Pareciera estar condenado...
¿O soy yo la que, en el fondo, lo ve condenado?
Qué confuso es ver su tristeza a lo lejos, y otras veces estar en ella,
dejarme absorber, porque fui protagonista de la agonía de nuestros corazones.
Cuatro corazones se rompieron ese día.
Y cuando lo veo, recuerdo lo desesperanzador que fue no
tener nada, ni a nadie.
Nos rompimos como una condena eterna.
Y de algún modo, mis intentos de salir funcionaron.
Salí del dolor, de la agonía, de la violencia, de ser invisible, de los años de confusión, de las lágrimas que parecían interminables...
...hasta que solo hubo vacío.
Un gran vacío. Un cuarto oscuro, con nada más por sentir.
Salí del odio profundo que tenían dos personas que un día se dijeron "te amo, para siempre", y que después estarían dispuestos a matar o morir.
Y aunque nadie se atreva a nombrarlo, había un gran fuego.
Hoy, solo quedan cenizas.
Salir fue como correr lo suficiente para alejarme del fuego,
lo justo para construir una nueva vida: con mi sonrisa casi inagotable, mi ternura, mi agonía profunda, mi esperanza amorosa.
Algo en mí siempre supo que esos cuatro corazones eran solo un caso más, que había algo más allá, afuera, esperando.
Y sí, sabía qué estaba buscando: otro concepto de amor, de amar, de mirar, de sostener, de silencio presente, de calma, de la nada llena de fuego…pero un fuego que no destruye.
Y me encontré. Y te encontré.




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